Fuera de Horario

El terremoto deja una gran lección para Colombia y para el 90% de sus habitantes que no tienen un seguro

Como financiero llevo casi dos décadas estudiando y analizando el riesgo entre libros — he visto cómo un activo que nadie quiere hoy se vuelve el que todos necesitan mañana, y viceversa. Esa costumbre me deja con un tic: cuando pasa algo grande, primero pregunto “¿qué pasó?”, y luego “¿había cobertura para ese riesgo que se materializó?”. Con el devastador terremoto del 10 de agosto en Colombia, la respuesta fue mucho más incómoda: más del 90% de las viviendas del país no tenían seguro contra sismos — incluidas las zonas más golpeadas: Valle del Cauca, Risaralda, Quindío, Caldas y Chocó. El presidente de Fasecolda lo dijo sin adornos: “solo una fracción de la población accede a mecanismos formales de respaldo financiero ante riesgos catastróficos”. Esa frase debería incomodarte tanto como me incomodó a mí, porque es una realidad que difícilmente cambiará pronto: en Versalles, norte del Valle, más de 700 viviendas quedaron destruidas y las ayudas llegan “a cuentagotas por lo intrincado del camino” — zonas rurales donde la idea de incorporar un seguro es, por decir lo menos, inviable hoy. La cobertura de un riesgo como este, por mucho que incomode admitirlo, todavía tiene un rango de acción limitado en Colombia — y aun así es algo que debe tomarse en serio.

Lo que sí es real

Y hay que decirlo: funcionó rápido. Bancolombia, Davivienda, Grupo Aval y GNB Sudameris bajaron la tasa de los créditos de vivienda para damnificados de 14% a 8% efectivo anual — 600 puntos básicos, más de 30% menos en la cuota mensual, fija durante toda la vida del préstamo. Es un alivio real, no cosmético, para más de 175.000 viviendas dañadas. Si calificas, es financiamiento a un costo que normalmente no existe fuera de una crisis — justo cuando más se necesita.

Lo que nadie te está contando

Ese crédito al 8% resuelve el problema de liquidez de hoy, no el de exposición de mañana. Si reconstruyes con deuda subsidiada y sigues sin seguro contra sismos, en la próxima emergencia —y en un país sobre el Cinturón de Fuego, habrá una próxima— vuelves a depender de que el Estado te rescate con crédito de emergencia y activos incautados al narcotráfico, como está haciendo el gobierno ahora para financiar buena parte de los $30 billones que necesita la reconstrucción. Eso no es protección financiera para ti: el seguro que trae tu hipoteca protege al banco, no tu patrimonio. Es apostar, cada vez, a que el auxilio llegue a tiempo y el fisco tenga cómo pagarlo. Con una deuda externa en 52,7% del PIB y un gobierno con apenas tres semanas tratando de bajar el déficit, esa apuesta se encarece para todos — no solo para quien perdió la casa. Hoy profundizamos en esa misma tensión fiscal, con el peso colombiano en su nivel más fuerte desde 2018, en el Daily Briefing de hoy.

Qué estoy haciendo yo con esto

Es para cualquiera que lea esto desde una casa que sigue en pie. Si tu vivienda o tu negocio no tienen cobertura contra sismos, este es el momento — no dentro de seis meses, cuando la memoria del terremoto se enfríe y el seguro vuelva a ser una línea que nadie revisa en el presupuesto. El costo de una póliza catastrófica hoy, frente al costo de reconstruir sin ella, no es comparable. Y si piensas “eso no me va a pasar a mí”, ten en cuenta que 175.397 familias probablemente pensaban lo mismo hace apenas un mes.

Este es, en el fondo, un problema de criterio y de cultura, no de información. Todos sabíamos, en abstracto, que Colombia es sísmica, y la información sobre estas coberturas siempre estuvo disponible. Lo que falta es la decisión — no es fácil pagar hoy por un riesgo que se siente lejano y aleatorio, aun sabiendo que no decidir también es una decisión, y suele ser la más cara. Esa es la pregunta que te dejo, no como financiero ni académico, sino como alguien que ha visto reventar riesgos mal cubiertos: ¿estás dispuesto a asegurarte contra algo incierto y aleatorio que te puede pasar a ti, lo creas o no, o estás apostando a que el Estado —o la suerte— te rescate cuando pase?


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