El peso colombiano está en su nivel más fuerte desde 2018. Casi nadie está preguntando por qué eso, hoy, no es necesariamente buena noticia.
El peso colombiano tocó mínimos desde octubre de 2018 esta semana ($3.053,48 por dólar el 19 de agosto), con el dólar 18,5% más barato en lo corrido de 2026. Para un importador o una empresa con deuda en dólares, la lectura inmediata es alivio. Pero esa fortaleza convive con una fractura fiscal que ayuda a explicarla: el terremoto de magnitud 7,4 del 10 de agosto —más de 289 fallecidos— impuso un costo de reconstrucción de US$9.500 millones sobre un gobierno con apenas tres días en el poder. Abelardo de la Espriella asumió el 7 de agosto prometiendo bajar el déficit de 6,4% a 4,8% del PIB con un recorte de $70 billones en gasto, y ya reconoce que “nos vamos a endeudar” para financiar la emergencia. La decisión que importa para quien administra riesgo en Colombia: un peso fuerte hoy no es garantía de espacio fiscal mañana, con una deuda externa en 52,7% del PIB. La prueba real de este gobierno no fue el discurso de posesión — es si la regla fiscal sobrevive a su primer choque exógeno. Si administras tesorería o deuda en pesos, ya hablamos de por qué no conviene planear asumiendo que las tasas colombianas van a ceder pronto en esta columna sobre la tasa del Banrep.
La IA superó al portafolio clásico 60/40 en dos décadas de simulación — con una advertencia clave
JPMorgan construyó agentes de inteligencia artificial que, en simulaciones retrospectivas de dos décadas, superaron al portafolio tradicional 60/40 en 0,7 puntos porcentuales anuales — con menor volatilidad, según la investigación liderada por el estratega Thomas Salopek. Los agentes rotan de forma autónoma entre acciones y bonos según el “régimen” de mercado que detectan, y es el primer intento del banco de construir un sistema de IA para identificación de regímenes. La propia firma pone el matiz: son backtests, no track record real, y sus estrategas advierten contra “aceptar sin crítica respuestas de IA sobreajustadas dentro de la muestra”. La implicación práctica: la gestión de portafolios institucionales avanza hacia sistemas adaptativos, pero el criterio profesional —no el resultado retrospectivo— sigue siendo lo que separa una señal útil de un espejismo estadístico bien presentado.
Circula la idea de que “Wall Street ya se mudó a la blockchain”
El ruido: los titulares anunciaron que “Wall Street se muda a la blockchain” cuando DTCC —custodio de US$114 billones en valores estadounidenses— inició pruebas de tokenización con más de 40 firmas (JPMorgan, Goldman Sachs, BlackRock, Citadel Securities) negociando acciones, ETF y bonos del Tesoro tokenizados.
La señal: el propio CEO de DTCC, Frank La Salla, fue explícito: no es disrupción, es liberar liquidez atrapada dentro del sistema existente. La prueba de carga usó activos conocidos y de bajo riesgo (Microsoft, el ETF QQQ, el SPY, letras del Tesoro) sobre una red privada y permisionada (Besu y Canton Network), no una blockchain abierta — y el lanzamiento completo llega apenas en octubre. El mercado de tokenización mueve hoy cerca de US$38.000 millones; Citi proyecta US$5,5 billones para 2030. Esa distancia es la medida real de qué tan temprano sigue esto: una prueba de infraestructura bien diseñada, no la revolución que anuncia el titular.
“La tokenización de activos y el uso de blockchain digital son una megatendencia. En lo que realmente nos enfocamos es en la seguridad del sistema, su resiliencia, y en liberar liquidez atrapada usando esta nueva tecnología.”
— Frank La Salla, presidente y CEO de DTCC. Mientras Wall Street celebra sus primeras operaciones tokenizadas en producción, esta cita recuerda qué se está probando en realidad: no la promesa, la infraestructura.