Fuera de Horario

¿Se acabó el dólar barato en Colombia?

Llevo más de 15 años viendo pantallas de TRM en tiempo real, y todavía me sorprende lo mismo: la gente compra dólares cuando están caros y los vende —o simplemente no los compra— cuando están baratos. Es al revés de cómo debería ser, y agosto de 2026 acaba de darnos el ejemplo más nítido en años.

Hace apenas tres años, el 6 de enero de 2023, el dólar tocó $4.989,58 en Colombia —a un paso del techo psicológico de los $5.000—. El 31 de agosto de este año cerró en $3.205,23. Eso es una caída de más del 35%. Si en algún momento entre 2023 y mediados de este año usted necesitaba dólares —para estudiar afuera, para importar, para ahorrar en moneda dura— y no compró, sí, se perdió la fiesta. No hay forma elegante de decirlo.

¿De verdad nos perdimos la fiesta?

En parte. Pero “perderse la fiesta” asume que la fiesta ya terminó, y ahí es donde el análisis se pone interesante. El peso llegó a agosto con una apreciación cercana al 18% en el año —una de las mejores monedas emergentes del mundo— pero en la última semana ya subió 4,62%. Y no fue ruido de un solo día: fue la confluencia de tres cosas reales. El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, dijo en Jackson Hole, sin rodeos, que “la responsabilidad de 65 meses de inflación elevada y sostenida recae directamente sobre el banco central” —un mensaje que el mercado leyó como que en septiembre no habrá gestos suaves—. El petróleo lleva cuatro sesiones cayendo bajo $87, y eso le quita oxígeno al peso. Y la reconstrucción tras el terremoto de agosto, estimada en $30 billones con la deuda pública ya en 60,3% del PIB, suma demanda de dólares justo cuando la oferta se debilita.

Lo que nadie le está contando

Esto es lo que casi nadie dice en voz alta: el propio Grupo Cibest —uno de los que más defendió la tesis de peso fuerte durante 2026— ya admitió que la moneda “incorporó buena parte de los factores” que la fortalecieron. Traducido: el margen que quedaba para que el dólar siguiera bajando ya se usó. Su propia proyección para el cierre del año es un rango de $3.400 a $3.650 —más caro que hoy, no más barato—. Eso no significa que no habrá otro rally del peso más adelante; los ha tenido siempre, y los volverá a tener. Significa que no hay ninguna base sólida para asumir que el dólar a $3.100–$3.200 es “lo nuevo normal.” Nunca lo es. El mercado cambiario colombiano no tiene pisos ni techos permanentes —tiene ciclos— y este ciclo específico, con tasas altas en EE.UU., petróleo débil y gasto fiscal de emergencia, apunta para el otro lado.

Si el dólar barato no vuelve, ¿ahora qué?

Aquí es donde el criterio importa más que la predicción. No sé si el dólar vuelve a $3.100 en octubre o si se va a $3.700 antes de diciembre —nadie lo sabe con certeza, y yo desconfiaría de quien se lo diga con seguridad total—. Lo que sí sé, después de años viendo tesorerías tomar decisiones basadas en “esperar el mejor precio,” es que esperar el fondo casi nunca funciona mejor que promediar. Si tiene una necesidad real de dólares en los próximos 6 a 12 meses —matrícula, importación, deuda en moneda extranjera— no la resuelva en una sola operación adivinando el mínimo. Divida la compra en 3 o 4 tramos a lo largo de las próximas semanas. Si administra tesorería corporativa, este es el momento de revisar coberturas —forwards, opciones— no para “ganarle” al mercado, sino para quitarle la variable cambiaria a una decisión que ya es suficientemente difícil por sí sola. Y si su plan era simplemente “esperar a que baje más,” ese plan ya no tiene el viento a favor que tuvo hace seis meses.

La pregunta real no es si nos perdimos la fiesta. Es si tenemos el criterio para actuar cuando la próxima ventana se abra —sin necesitar que alguien nos confirme, en retrospectiva, que ese era el momento.

Si quiere seguir esta historia mientras se mueve, no al final del mes —en el Daily Briefing la cubro cada mañana antes de que abra el mercado, con el dato y el porqué, sin relleno.


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