$3.205,23 — así cerró agosto el dólar en Colombia, y las tres razones detrás de esa cifra no son las que están en los titulares
El dólar cerró agosto en $3.205,23, un dato tranquilo que esconde una reversión de fondo. El peso llegaba al mes con una apreciación cercana al 18% en el año —de las mejores entre monedas emergentes— y en la última semana ya subió 4,62%. Tres fuerzas confluyeron al cierre de agosto: el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, dejó en Jackson Hole un mensaje sin ambigüedad sobre inflación (ver Quote of the Day) que el mercado leyó como antesala de una postura dura en la reunión del 15 y 16 de septiembre; el petróleo Brent cayó bajo $87 por cuarto día consecutivo, golpeando el ingreso que sostiene al peso; y la reconstrucción tras el terremoto de agosto —estimada en $30 billones, con deuda pública en 60,3% del PIB proyectado— suma demanda de dólares justo cuando la oferta se debilita. Para quien administra tesorería, la ventana de peso barato que dominó buena parte de 2026 se está cerrando — el mismo hueco fiscal que ya advertimos hace unos días en Fuera de Horario. Vigile el empleo de EE.UU. (4 de septiembre), la inflación colombiana y la revisión de la emergencia fiscal (18 de septiembre): definirán si el rango de $3.100–$3.220 que proyectan los analistas se sostiene o se rompe hacia arriba.
La banca colombiana dejó de pilotear IA y la integró al negocio — 36 agentes, 18 meses, 3 millones de colombianos impactados
Mientras el mercado vigila al dólar, la banca colombiana dio en agosto un paso silencioso pero relevante: dejó de tratar la IA como piloto y la integró al negocio. Grupo Aval desplegó más de 36 agentes de IA en 18 meses vía su ADL Digital Lab, con impacto directo en más de 3 millones de colombianos en desembolso de crédito, detección de fraude y modelos predictivos de retención. Lulo Bank sigue el mismo camino: según Víctor Mejía, su jefe de ingeniería, la IA “es una prioridad porque impacta la eficiencia y la experiencia”. La cifra que importa: 81% de las empresas de servicios financieros de la región ya adopta IA, pero solo 40% llega a nivel avanzado, y las fintech duplican en madurez a la banca tradicional (47% frente a 30%). La implicación práctica: la velocidad de decisión crediticia y de detección de riesgo dejó de ser diferencial de innovación — ya es condición de competencia.
Los titulares hablan de “nerviosismo” cambiario. La señal real es una convergencia de tres fuerzas estructurales, no un sobresalto
El ruido: los titulares hablan de “nerviosismo” en el mercado cambiario, como si la subida del dólar de cara a septiembre fuera un sobresalto pasajero de traders inquietos por un discurso.
La señal: no es un sobresalto, es una convergencia. Un presidente de la Fed que nombra la inflación como prioridad casi única, un petróleo que lleva cuatro sesiones cayendo, y una factura de reconstrucción de $30 billones aún sin financiar del todo —tres fuerzas estructurales, no una noticia aislada— apuntan en la misma dirección. Cuando el propio Grupo Cibest, arquitecto del optimismo sobre el peso en gran parte de 2026, admite que la moneda “ya incorporó buena parte de los factores” que la fortalecieron, la lectura correcta no es esperar a que pase el ruido: es asumir que el rango de $3.100 a $3.220 que proyectan los analistas para septiembre tiene “el riesgo cargado hacia arriba”.
“La responsabilidad de 65 meses de inflación elevada y sostenida recae directamente sobre el banco central. Y ahí es donde debe estar.”
— Kevin Warsh, presidente de la Reserva Federal, Simposio de Jackson Hole, 28 de agosto de 2026. Explica por qué nadie espera un guiño moderado en la reunión de septiembre — y por qué el peso difícilmente repite en el segundo semestre lo que hizo en el primero.