Fuera de Horario

El terremoto que puso a prueba a Nequi, Nu y Lulo

Llevo más de 15 años viendo cómo se mueve el dinero —en mesas de trading, en tesorerías corporativas, en la letra pequeña de un flujo de caja que nadie más revisa— y nunca había visto una prueba de estrés tan honesta para el sistema financiero colombiano como la que empieza mañana.

El 26 de agosto el Gobierno empieza a girar $875.452 mensuales —$2,6 millones en total por familia— a cada hogar damnificado por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Chocó, Tolima, Valle, Risaralda, Quindío y Caldas el 10 de agosto. Y hasta ayer, ningún comunicado oficial decía por cuál riel va a viajar esa plata: el Gobierno solo habla de “operadores logísticos o entidades bancarias.” Ahí está la pregunta que de verdad me interesa: ¿le vamos a confiar la reconstrucción de miles de familias a la misma infraestructura digital que hace apenas un año seguía aprendiendo a no caerse?

Lo que sí funcionó

Lo real es que Colombia construyó, en silencio, una infraestructura digna de esta prueba. Nu Colombia ya concentra cerca del 80% de los depósitos en neobancos —casi $2 billones de pesos movidos en doce meses—, seguido de RappiPay y Lulo Bank. Nequi se independizó de Bancolombia este año para administrar sus propios datos como entidad autónoma, con la Superfinanciera ya aprobando la operación. Y Bre-B, el sistema de pagos inmediatos del Banco de la República, lleva meses conectando billeteras y bancos que antes no se hablaban entre sí. Si algo aprendí en tesorería es que la velocidad de un sistema de pagos no se mide en un día tranquilo, sino en el peor día posible. Y el peor día posible para Chocó y Tolima ya pasó: ahora toca ver si la plata realmente llega.

Lo que nadie te está contando

Lo que no está en los titulares de “ayuda histórica” es que la misma velocidad que hace atractivas a estas plataformas es la que ya están explotando los estafadores. La Policía y la Interpol llevan dos semanas alertando sobre campañas falsas de donación que suplantan fundaciones, secuestran cuentas de WhatsApp y piden plata a “cuentas personales” usando la urgencia del desastre como gancho emocional. No es nuevo: en marzo, una app clonada llamada “NeQuiVIP” ya circulaba simulando transferencias reales. La diferencia ahora es la escala y el momento: gente que perdió su casa, sin documentos, sin acceso claro a internet, tratando de navegar un censo, un registro bancario y un giro gubernamental —todo al mismo tiempo, todo bajo presión. Ahí es exactamente donde prospera el fraude: no en la tecnología rota, sino en la persona agotada que no tiene margen para verificar un enlace. Hoy justo hablamos de otra cara de esta misma tensión —capital que sí llega, y el que todavía no— en el Daily Briefing de hoy.

La oportunidad real

Aquí es donde la IA deja de ser un adorno y se vuelve una herramienta con trabajo real que hacer. No hablo de IA generativa redactando comunicados de prensa —hablo de analítica contextual: sistemas que cruzan patrón de dispositivo, geolocalización, comportamiento histórico y velocidad de transacción para marcar, en milisegundos, una cuenta sospechosa antes de que la plata salga, no después. Eso ya se está construyendo en la banca colombiana para el fraude de consumo; la oportunidad real —para inversionistas y para emprendedores que estén leyendo esto— es empujar esa misma tecnología hacia el flujo de ayudas gubernamentales, donde el margen de error no se mide en quejas de clientes sino en familias sin techo esperando una plata que nunca llega o que llega a la cuenta equivocada. La institucionalidad nueva —Nequi independiente, Bre-B interoperable, finanzas abiertas obligatorias desde abril— no se prueba con el lanzamiento de un producto bonito. Se prueba moviendo plata real a gente real en su peor momento, y ahí es donde el criterio, no el marketing, decide quién se queda.

Nunca he creído que la tecnología resuelva sola un problema humano —ya lo escribí antes hablando de IA y decisiones financieras—; lo que hace es exponer, más rápido que nunca, si el criterio detrás estaba bien puesto. El 26 de agosto vamos a ver, en tiempo real, si la infraestructura financiera colombiana que tanto hemos celebrado realmente está lista para cargar con lo que más importa. ¿Tu billetera —la que usas todos los días, la que recomiendas, la que quizás hasta ayudaste a construir— pasaría esa misma prueba si tuviera que hacerlo mañana?


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