Lo voy a decir sin rodeos: no creo que la pregunta correcta sobre la inteligencia artificial sea si hay burbuja. La pregunta correcta es quién la está pagando mientras dura, y quién se queda con la factura cuando se acabe.
Lo que sí es real
El 8 de octubre el Nasdaq 100 cayó 1,4% —su peor caída en siete semanas— después de que el Financial Times reportara que OpenAI facturaba a una tasa anualizada de US$50.000 millones en septiembre, US$20.000 millones menos de lo que había dejado entender (Bloomberg). Bank of America ya había advertido días antes que los diez nombres más grandes de IA representan 41% del S&P 500 —un nivel de concentración que, según su propio análisis, supera al de tecnología y telecomunicaciones en el pico de la burbuja puntocom. Nvidia, Apple y Microsoft solas pesan casi 21% del índice. Llevo más de 15 años mirando flujos de capital, y nunca había visto una apuesta tan grande sostenida por un grupo tan pequeño de nombres.
Lo que nadie te cuenta
Aquí está la parte incómoda: las cuatro grandes hiperescaladoras —Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta— ya comprometieron entre US$600.000 y US$725.000 millones en gasto de capital para 2026, creciendo 60-80% frente al año anterior, mientras sus ingresos combinados avanzan apenas 15-16%. El flujo de caja libre de Amazon se desplomó de US$38.200 millones en 2024 a US$11.200 millones en 2025, y esa diferencia se está tapando cada vez más con deuda, no con utilidades. Se habla también de cerca de US$1,5 billones en obligaciones de desempeño pendientes por convertir en ingresos reales —una cifra que depende de que un grupo muy concentrado de laboratorios y proveedores, empezando por Nvidia, sigan cumpliendo entre ellos.
¿Quién gana si esto estalla? Los inversores de valor que se quedaron al margen, los bajistas con convicción, y cualquiera con liquidez fresca cuando los múltiplos se corrijan. ¿Quién gana si no estalla? Quienes ya construyeron capacidad real y la monetizan —no todos los que solo prometieron hacerlo. Como lo resumió Ray Dalio hace año y medio: “una buena empresa que se vuelve cara es mucho peor que una mala empresa que está realmente barata” (Benzinga). No es un juicio sobre si la IA funciona. Es un juicio sobre si el precio ya corrió más rápido que la utilidad.
La oportunidad —y lo que haría yo
Si usted invierte desde Colombia, la trampa más común no es ignorar la IA: es duplicar la concentración sin darse cuenta. Si ya tiene un fondo indexado global y encima le suma un ETF temático de IA, no está diversificando, está apostando dos veces al mismo riesgo. Prefiero exposición amplia —vía un índice diversificado— sobre apostarle a un solo sector que ya pesa 41% de ese mismo índice.
Sobre el tipo de cambio: la TRM cerró en $3.209,78 el 6 de octubre, bien por debajo de los más de $3.700 de hace apenas un año (Portafolio). Un peso más fuerte es, objetivamente, una ventana menos costosa para quien piensa construir posición en dólares con calma. Pero esa ventana cambiaria nunca debería sustituir la disciplina de diversificación —son dos decisiones distintas, y mezclarlas es como comprar barato algo que de todos modos no necesitaba duplicar.
¿Ya revisó si su portafolio está apostando dos veces a la misma historia de IA, solo porque llega envuelta en nombres distintos?
Si quiere seguir esta historia día a día, lo espero en el Daily Briefing de ViSFI.