Ayer les dije que ese CDT al 13% que todos los neobancos venden como un regalo no era tan buen negocio como parecía. El DANE acaba de darme la razón — y lo hizo peor de lo que yo mismo esperaba.

El dato que subió cuando nadie lo esperaba

En agosto, la inflación mensual en Colombia fue de 0,39%, por encima de lo que proyectaba el consenso del mercado. La anual quedó en 6,24%, frente al 6,03% de julio — la segunda aceleración consecutiva, no un ruido de un solo mes. El acumulado entre enero y agosto ya suma 5,35%. Y todo esto sigue muy por encima del rango meta del Banco de la República, que es 3% más o menos un punto.

Lo que nadie te cuenta cuando el IPC sube

Cuando escribí la nota del CDT, calculé la rentabilidad real de esa tasa del 13% descontando una inflación de 6,24%. Ese cálculo ya quedó corto — y no para bien. Cada punto adicional de inflación reduce lo que de verdad te queda después de impuestos, y eso no es un problema solo de quien tiene un CDT: es un problema de quien negocia un aumento de sueldo con el número de hace seis meses, de quien recibe una pensión indexada con rezago, y del propio Banco de la República, que tiene su próxima decisión de tasa el 30 de septiembre con un dato que le complica bajar la tasa como muchos esperaban. Menos alivio en las tasas significa crédito más caro por más tiempo — para hipotecas, para empresas, para vos.

La oportunidad real: dejar de mirar el número de arriba

La tasa nominal es marketing. Lo que decide si un instrumento te protege o te desangra es la tasa real, después de impuestos, comparada contra la inflación que de verdad vas a enfrentar — no la que el banco central prometió hace un año. Si estás ahorrando, exige ese cálculo antes de firmar. Si estás negociando salario, usa el acumulado de 5,35% y la tendencia, no el dato de hace un año. Y si administras un negocio, presupuesta asumiendo que esta inflación puede quedarse “pegada” por encima de la meta más tiempo del que el propio Banrep admite en público — no que converge rápido al 3% en 2027 como sigue diciendo.

¿Estás decidiendo con el número que te venden, o con el que realmente te queda en el bolsillo después de impuestos e inflación? Esa pregunta —no el titular del CDT ni el titular del DANE— es la que separa a quien reacciona de quien decide con criterio.

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