Fuera de Horario

Lo que el gasto de bolsillo en salud le está costando a Colombia (y por qué la IA sí puede bajarlo)

Abro con una cifra que, después de años mirando cómo se comportan los presupuestos de los hogares, me sigue pareciendo brutal: el gasto de bolsillo en salud en Colombia subió a 16,8% del gasto corriente en salud en 2024, desde 14,2% en 2021 — y ya nos acercamos al umbral del 20% que la Organización Mundial de la Salud clasifica como riesgo financiero catastrófico para un hogar. En plata: los colombianos destinaron $128 billones a salud en 2025, y la salud ya pesa 6,9% del PIB, frente a 6,3% en 2022. No es una estadística abstracta. Es la diferencia entre un hogar que puede absorber una enfermedad grave y uno que queda financieramente arruinado por ella.

Dónde queda Colombia frente a la OCDE

Comparado con estándares de la OCDE, Colombia no está en el peor lugar, pero tampoco cerca del mejor: estamos por encima de Chile (10%) y en un nivel similar al de Brasil (25%), según el más reciente informe de la OCDE sobre salud en Colombia. Es decir, seguimos dependiendo más del bolsillo del paciente que la mayoría de países desarrollados, que financian la salud de forma mucho más colectiva vía impuestos o esquemas de aseguramiento obligatorio robustos. La metodología de la OCDE considera catastrófico todo gasto de bolsillo que supere el 20% del gasto total en salud de un hogar — Colombia lleva cuatro años acercándose a esa línea, no alejándose.

Lo que el nuevo gobierno propone — y lo que todavía no dice

El gobierno de Abelardo de la Espriella anunció un plan de rescate de hasta $10 billones en los primeros 90 días: $4 billones para pagar nóminas y deudas atrasadas con hospitales y clínicas, $2 billones para reducir la represa de pacientes con enfermedades de alto costo, topes a los gastos administrativos de las EPS y liquidación de las que no cumplan criterios técnicos. Es un plan de estabilización de oferta — pagarle a quien ya prestó el servicio — no todavía una estrategia explícita para bajar el gasto de bolsillo estructural. Esa es la pieza que, en mi lectura, sigue faltando: se puede sanear la deuda hospitalaria de hoy sin que el bolsillo del paciente promedio mejore en absoluto el año entrante.

El rol real de la IA, sin exagerarlo

Ahí es donde creo que la inteligencia artificial sí tiene un papel concreto, no de moda pasajera: diagnóstico asistido y telemedicina reducen la necesidad de que un paciente pague de su bolsillo consultas presenciales y traslados —especialmente en zonas rurales donde la oferta médica es escasa—, y la detección temprana baja el costo total de tratar una enfermedad avanzada frente a una detectada a tiempo. No es una solución mágica ni sustituye una reforma estructural del sistema de salud, pero es la única palanca de este plan de gobierno que puede mover el indicador de gasto de bolsillo sin depender de que el Estado tenga más plata para inyectar cada 90 días.

Mi pregunta para cualquiera que esté siguiendo esta reforma: ¿el criterio para evaluar si funciona va a ser si se pagan las deudas atrasadas, o si dentro de un año el gasto de bolsillo bajó del 16,8%? Son cosas distintas, y solo la segunda es la que de verdad protege el bolsillo del paciente.


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