Llevo más de 15 años mirando cómo el riesgo político se convierte en número en una pantalla de bonos, y esta semana Francia me lo puso en bandeja: un bono a 10 años que tocó 5% —su nivel más alto en veinte años— y un diferencial contra Alemania en máximos desde 2012 (Rothschild & Co). La narrativa que circula es simple: “la juventud francesa se levantó”. La realidad, cuando uno mira el mecanismo detrás, es mucho más interesante —y mucho más incomoda para quien quiere una lectura fácil.

Lo que sí es real

Las cifras de las protestas estudiantiles son enormes y no se pueden minimizar: entre 250.000 y 450.000 personas en las calles el 6 de octubre, más de 6.000 detenciones (85% menores de edad), y un adolescente de 15 años que perdió una mano en enfrentamientos a las puertas de un liceo en Lens (Al Jazeera; Infobae). El reclamo original —escuelas saturadas, profesores faltantes, el estrés de Parcoursup— es genúino y viene de antes de cualquier cálculo electoral. No le voy a restar legitimidad a eso.

Lo que nadie te cuenta

Aquí viene la pregunta que de verdad vale la pena responder: ¿por qué Macron sigue siendo presidente con una aprobación de apenas 16-18%, la más baja de todo su mandato (Ipsos-BVA-CESI; Odoxa)? La respuesta no es política, es de diseño constitucional. En Francia el presidente no se juega la permanencia en una encuesta de popularidad: tiene un mandato fijo de cinco años que corre hasta 2027, casi imposible de interrumpir. Lo que sí se desgasta —y rápido— es el primer ministro, que depende de una Asamblea Nacional sin mayoría desde que la alianza de izquierda NUPES, liderada por Jean-Luc Mélenchon, le quitó a Macron el control del Parlamento en 2022 (NPR). Por eso Francia ha quemado primer ministro tras primer ministro —ahora es el turno de Sébastien Lecornu, intentando pasar un ajuste de 54.000 millones de euros sin mayoría propia (Euronews)— mientras el inquilino del Elíseo no se mueve. Esa asimetría entre un presidente blindado y un gobierno desechable es, para mí, la verdadera causa raíz de la inestabilidad, no la rabia juvenil en sí misma.

¿Es un “estallido a la medida” de alguien? El gobierno acusa a La Francia Insumisa de instrumentalizar las protestas “con fines electoralistas”; los estudiantes lo niegan. Pero miren quién gana realmente en las encuestas sin ensuciarse las manos: Marine Le Pen lidera todos los escenarios para 2027, con 34-38% en primera vuelta y ventaja en cada balotaje simulado (Elabe/BFMTV). El caos no necesita ser diseñado por nadie para beneficiar, de forma casi automática, a quien está fuera del gobierno cuando el gobierno no logra gobernar.

La lectura financiera —y lo que viene

Aquí está mi tesis, con el sombrero de quien ha mirado curvas de bonos por años: Francia no está pagando por sus jóvenes en las calles, está pagando por un modelo que buena parte de Europa sigue defendiendo —gasto social alto, consolidación fiscal lenta, coaliciones técnicas sin mandato real— justo cuando buena parte de América, de Estados Unidos hasta Argentina y El Salvador, ya giró hacia la disciplina fiscal y el votante lo premió en las urnas. No digo que Europa esté “equivocada” —es un debate legítimo sobre qué sociedad se quiere—, pero sí llega tarde a una repreciación que el mercado de bonos ya cobra: ahí está el diferencial OAT-Bund en máximos de 14 años. Si el ajuste no llega por consenso político, llegará por el mercado —más caro y con menos margen para el próximo presidente.

Para quien decide hoy con su dinero, la pregunta no es si Francia va a estallar. Es si su cartera ya está pagando, sin saberlo, por un riesgo político que el resto del mundo empezó a repreciar hace rato. ¿Ya revisó cuánto de su exposición a Europa descansa sobre un supuesto que ya no es cierto?

Si quieres seguir esta historia día a día —porque esto no se resuelve en una semana— te espero en el Daily Briefing de ViSFI.