La factura que el gobierno anterior dejó para después
Llevo más de 15 años viendo la misma jugada en bancos centrales y gobiernos: gastar la confianza del futuro para financiar la comodidad del presente. A Colombia se le acabó ese crédito el 7 de agosto, cuando Abelardo de la Espriella recibió la banda presidencial de manos de Gustavo Petro — y con ella, una cuenta de cobro que el gobierno saliente prefirió no mostrar hasta el final.
La cifra lo resume mejor que cualquier discurso: en su último plan financiero, el gobierno Petro tuvo que subir su proyección de inflación para 2026 de 3,2% a 5,8% — casi el doble — poco antes de entregar el poder. Eso no es un error de cálculo; es lo que pasa cuando un gobierno administra la percepción durante ocho años y le deja el ajuste real a quien llega después. Lo que encontró el nuevo Ministerio de Hacienda, con Miguel Gómez al frente, no fue sutil: sin intervención, el déficit primario llegaría a 4,4% del PIB y el fiscal total a 8,2% — lo que el propio ministro calificó, en la Convención Bancaria de Cartagena, como probablemente la peor situación fiscal de la historia del país, con 22 billones en gasto sin financiar y 37 billones en deuda subestimada heredados de la administración anterior.
Lo que nadie le está contando sobre el ajuste
El ajuste ya empezó, y va a doler antes de ayudar. El recorte de 21,9 billones de pesos al gasto de 2026 —1,1% del PIB, aprobado a finales de agosto— no es cosmético: recorta inversión pública justo cuando la inflación sigue entre 5,8% y 6,3% y el desempleo, aunque bajó a 8,1% en agosto frente a 8,8% un año atrás, sigue siendo alto para el tamaño de la economía. El propio ministro lo dijo sin adornos: los próximos seis meses son “decisivos”, y ni siquiera este esfuerzo resuelve el problema por completo — todavía viene una Ley de Rescate Económico a finales de septiembre, con la promesa de no subir impuestos sino recortar el tamaño del Estado. Si su expectativa es una recuperación en línea recta, ajuste el horizonte: la meta de estabilizar la deuda cerca de 64% del PIB, frente al 82% que se proyectaba sin ajuste, se mide en años, no en trimestres.
Dónde sí hay oportunidad real
Pero donde hay ajuste forzado, también hay oportunidad para quien se mueve antes que la mayoría. El plan de reactivación ya señaló sus apuestas: infraestructura (5.000 kilómetros de red vial primaria y 35.000 de terciaria), vivienda (un millón de soluciones habitacionales en el cuatrienio), energía —con la recuperación de Ecopetrol tras la caída de utilidades de 32 billones en 2022 a apenas 9 billones en 2025, y la autorización de fracking bajo estándares técnicos— y el agro en la Orinoquía. Son sectores donde el capital y el talento técnico van a tener demanda real, no promesas de campaña. A eso se suma el impulso declarado a la formación en inteligencia artificial y ciencia de datos: una ventana concreta para quien se esté formando hoy en lo que el mercado laboral colombiano va a necesitar en dos años, no en diez.
La decisión que le toca a usted
La pregunta que le dejo no es si el ajuste es duro — ya sabe que lo es. Es si va a esperar a que termine para moverse, o va a tomar la decisión de posicionarse —en sector, en formación, en portafolio— mientras el resto todavía discute si el gobierno anterior mintió o solo “optimizó” las cifras. El Método CRITERIO empieza por comprender el contexto real, no el que más tranquilidad da. Las demás decisiones se construyen sobre esa base, o no se construyen sobre nada. Si quiere seguir esta lectura al día, en el Daily Briefing de ViSFI la seguimos destripando cada mañana.