Recuerdo que hasta hace poco, las medicinas milagrosas que curaban y restauraban a una persona casi instantáneamente eran terreno exclusivo de la ciencia ficción y, como fan de este género, todo me esperaba menos vivir para ver esto, o al menos eso es lo que parece estar sucediendo en el “Estado autónomo” de Próspera, en Honduras. No es una promesa de laboratorio a diez años: es una clínica que hoy te ofrece una terapia génica experimental por unos US$25.000 que promete devolverte fuerza y revertir parte del envejecimiento muscular. La letra pequeña es que nadie en el mundo la ha aprobado. Y que si sale mal, sales mal tú solo.

Lo que en verdad está pasando en Próspera

La empresa se llama Minicircle, opera en la GARM Clinic de Roatán y en la Eterna Health Clinic de Dubái, y su producto busca elevar los niveles de folistatina —una proteína que frena la pérdida de masa muscular asociada a la edad— (MIT Technology Review). No es una promesa vacía: Bryan Johnson, el empresario que protagoniza el documental de Netflix Don’t Die, se la aplicó, y según los créditos del documental su masa muscular aumentó 7% en seis meses. Al lado opera Unlimited Bio, cuyo director Iván Morgunov admitió sin rodeos que son las “regulaciones laxas de Próspera” las que le permiten avanzar tan rápido —un experimento que no pasa ni por la agencia sanitaria hondureña (ARSA) ni por la FDA —la Food and Drug Administration, la agencia que en EE.UU. aprueba y publica qué medicamentos y terapias son seguros para uso humano— (Reporteros de Investigación). Es, literalmente, medicina sin árbitro.

Lo que nadie te cuenta

Próspera existe en un limbo legal que pocos clientes de esa clínica conocen: la Corte Suprema de Honduras declaró en 2024 que el marco de las ZEDE (Zonas de Empleo y Desarrollo Económico) fue inconstitucional desde su origen. Y sin embargo, Próspera sigue operando con normalidad, mientras pelea esa decisión en un arbitraje internacional bajo el tratado CAFTA-DR contra el propio Estado hondureño (LegalClarity). Es decir: la autoridad bajo la cual se venden estas terapias está, ahora mismo, en disputa judicial. Si Próspera pierde ese arbitraje, ¿qué pasa con quien ya se inyectó algo sin aval sanitario en una clínica que operaba bajo un marco que un tribunal calificó de inconstitucional? Nadie te lo explica en el folleto. Tampoco es menor que parte de estos ensayos se financiaran con NFTs vendidos a los propios pacientes —ciencia experimental mezclada con especulación cripto, sobre tu propio ADN.

La apuesta detrás de las zonas autónomas

Entiendo el incentivo, y hay que decirlo sin caricatura: la FDA tarda años y miles de millones de dólares en aprobar una sola terapia, y ese costo real deja fuera del mercado tratamientos que podrían funcionar, solo porque nadie quiere pagar la carrera de obstáculos. Próspera apuesta a que la competencia regulatoria —dejar que un territorio pequeño experimente con reglas laxas— puede producir en años lo que a EE.UU. le toma décadas: protocolos hoy carísimos y experimentales podrían depurarse ahí antes de llegar, ya validados, al resto del mundo. Colombia, para contexto, apenas aprobó su primer ensayo clínico de terapia génica en 2023, bajo supervisión estricta del INVIMA (INVIMA): años luz de cautela respecto a Roatán. Pero el lado que puede salir muy mal es el mismo que hace posible lo anterior: sin ARSA, sin FDA, sin INVIMA, nadie certifica que la dosis sea segura, no hay reporte obligatorio de eventos adversos, y no hay a quién demandar si algo falla, porque la autoridad bajo la que operas está, literalmente, en juicio por no existir.

No sé si Próspera termina siendo la cuna de la próxima medicina regenerativa o el ejemplo de manual de lo que pasa cuando se elimina toda fricción regulatoria a cambio de velocidad. Probablemente sea las dos cosas, para distintas personas, en distintos años. Lo que sí sé, con el Método CRITERIO en la mano, es que comprender el contexto antes de poner tu dinero —o tu cuerpo— en una apuesta así no es opcional: la ausencia de regulación no es ausencia de riesgo, es riesgo sin nadie más que tú para asumirlo. ¿Pagarías US$25.000 por una promesa que ningún regulador respalda, sabiendo que la autoridad que lo permite está siendo juzgada como ilegítima?

Si te interesa seguir cómo la desregulación —financiera, tecnológica o médica— redefine dónde se toman los riesgos más grandes del mundo, el Daily Briefing de ViSFI te lo manda cada mañana. Calcula también tu Criterio Score y compártelo en X, LinkedIn o Facebook con los botones de esta página si crees que a alguien más le sirve.