Esta semana leí dos noticias que en apariencia no tienen nada que ver: la NOAA confirmó oficialmente El Niño, y en medio mundo la gente bloquea carreteras por el precio de la gasolina. Tratamos esos temas como secciones distintas del periódico. No lo son. Cuando el clima y el precio de la energía se juntan, quien paga la cuenta casi nunca es quien la generó.
Lo que ya no es un pronóstico
El 10 de septiembre la NOAA confirmó que El Niño ya se fortaleció, con más de 90% de probabilidad de llegar a intensidad “muy fuerte” este otoño-invierno, y 75% de probabilidad de superar entre octubre y diciembre lo registrado desde 1950. El IDEAM lo confirmó para Colombia: 63% de probabilidad de categoría “muy fuerte”, ventana crítica entre noviembre y enero, golpeando sobre todo a las regiones Pacífica, Andina y Caribe. XM ya advirtió que los embalses podrían caer a 19.3% de su capacidad, e Hidroituango —12% de la energía del país— pidió permiso para embalsar más agua ante lo que su propio estudio llama una “tormenta perfecta” de siete factores simultáneos. Esto ya no es una alerta temprana. Es una cuenta regresiva con fecha.
El gobierno que no se puede dar el lujo de improvisar
Colombia entra a esta ventana con Abelardo de la Espriella apenas mes y medio en el cargo —asumió el 7 de agosto tras ganarle al candidato del Pacto Histórico por unos 250.000 votos— y con una oposición movilizada: ningún congresista del Pacto Histórico asistió a la posesión, y el partido salió a marchar en varias ciudades. Esta misma semana Iván Cepeda volvió a ser tendencia convocando nuevos paros con sindicatos de maestros. El nuevo gobierno, además, heredó un Fondo de Estabilización de Precios de Combustibles que podría cerrar el año con un déficit de hasta $14 billones, con el subsidio al ACPM —el diésel que mueve la carga del país— superando los $5.000 por galón. Congeló gasolina y ACPM en septiembre para aliviar a los hogares tras el terremoto de agosto —comprensible, pero no gratis: cada mes que se aplaza el ajuste, el hueco crece justo cuando El Niño va a disparar la demanda de energía.
Lo que nadie te está contando: no somos el caso raro
Este mismo dilema —subsidiar el combustible o dejarlo subir— está reventando gobiernos en medio planeta ahora mismo. En Kenia hubo cuatro muertos, 30 heridos y más de 700 detenidos antes de que el presidente Ruto cediera y bajara el diésel. En Portugal hubo bocinazos y marchas, con el diésel rozando un máximo histórico de €2,4 por litro, mientras en el sur de Francia pescadores bloquearon depósitos de petróleo. El detonante es el mismo en todos lados: la guerra EE.UU.-Irán empujó el petróleo por encima de US$100 el barril, y todo gobierno que usaba subsidios como colchón político se está quedando sin espacio. Colombia no vive un problema exótico. Vive la misma tensión que ya agotó la paciencia de la calle en Nairobi, Lisboa y Marsella —solo que aún no le ha tocado el turno.
La decisión que sí depende de nosotros
Aquí aplico lo que llevo años repitiendo: razonar con fundamentos, no con miedo, y decidir antes de que te lo impongan. Congelar precios indefinidamente no es política energética, es aplazar una factura con intereses. Lo que le propongo al nuevo gobierno —sabiendo que es incómodo en medio de una oposición movilizada— es un mecanismo de ajuste gradual y anunciado con anticipación para el ACPM, atado a una fórmula pública, en vez de meses de congelamiento seguidos de un golpe repentino cuando ya no quede margen fiscal. Eso es lo que separa a un país de terminar como Kenia: no evitar el ajuste, sino hacerlo predecible. Y si usted administra tesorería de transporte, agro o logística, la lección práctica es simple: no proyecte su flujo de caja de 2027 asumiendo un ACPM congelado. El Niño va a subir la demanda de energía justo cuando el FEPC menos margen tenga para seguir subsidiando, y medio mundo ya nos mostró cómo termina cuando eso se pospone demasiado.
Si quiere seguir el pulso diario de estas señales —mercados, política monetaria y las decisiones que sí importan para su bolsillo— ahí está el Daily Briefing de ViSFI, todas las mañanas antes de que abra el mercado.