La primera vez que un cliente me contó que su sistema de compras le pagaba automáticamente a un proveedor en Singapur, en dólares digitales, sin que nadie del equipo de tesorería aprobara la transferencia esa noche, no pensé en eficiencia. Pensé en todas las madrugadas que un error de conciliación bancaria me costó el sueño — y en que ese error ya no lo comete una persona. Lo comete un algoritmo que no tiene a quién rendirle cuentas.

Llevo más de 15 años viendo dinero moverse entre cuentas y mesas de trading, y hay una regla que no falla: ningún sistema de pagos es peligroso por lo que promete, sino por lo que nadie preguntó antes de adoptarlo. Eso es justo lo que está pasando con la IA agéntica y las stablecoins, y casi nadie fuera de los mercados cripto se ha dado cuenta.

Lo que ya es real: la IA se construyó su propio banco

Visa y la firma de análisis Artemis lo confirmaron en julio en un reporte conjunto, “Agentic Payments from the Ground Up”: los pagos entre máquinas dejaron de ser un experimento de laboratorio. Las redes de tarjetas cobran una comisión fija por transacción, algo que no tiene sentido cuando un agente de IA necesita hacer miles de micropagos por minuto para comprarle datos, cómputo o servicios a otro agente, el mismo tipo de agentes que esta semana ya vimos escalar dentro de la banca tradicional. Las stablecoins sí funcionan para eso: liquidación casi instantánea, costo marginal casi nulo. No es casualidad que el volumen total transado en stablecoins haya llegado a 33 billones de dólares en 2025 —un salto de 72% frente al año anterior— con USDC (18,3 billones) superando a USDT (13,3 billones), según datos de Artemis recogidos por Bloomberg. Esa infraestructura ya no se está construyendo: existe, y se usa todos los días.

Lo que nadie te cuenta: no hay a quién reclamarle

El mismo reporte de Visa y Artemis lo dice sin rodeos: la regulación de pagos que tenemos hoy asume que hay un humano detrás de cada transacción, responsable y localizable. Los protocolos de contracargo y protección al consumidor —los que usted usa cuando una compra sale mal— no fueron diseñados para miles de transferencias automáticas y continuas entre agentes de software. Si un agente de compras paga dos veces, paga de más, o le paga al proveedor equivocado porque una factura falsa lo engañó, hoy no existe un mecanismo claro de reversión.

En Colombia esto no es un debate abstracto de otro país. Buena parte del ecosistema de pagos transfronterizos y remesas ya mira estos rieles precisamente por lo que cuestan menos que un giro tradicional. La pregunta de qué pasa cuando algo sale mal en esa transacción no es hipotética: es de tiempo. Y en tecnología financiera, el tiempo casi siempre corre más rápido que la regulación.

La oportunidad: ponerle candados antes de que sea tarde

Nada de esto es razón para prohibir algo que ya resuelve un problema real de costos — es razón para diseñar con criterio antes de escalar. Si usted dirige una tesorería y evalúa agentes de pago autónomos, una política interna en PDF no basta: los límites de gasto y la lista de proveedores autorizados deben quedar codificados en el propio contrato inteligente, no en un documento que nadie vuelve a abrir. Cualquier pago por encima de un umbral razonable debería exigir aprobación humana explícita, sin excepción.

Y si a usted le interesa que Colombia no llegue tarde otra vez a una transición financiera —como llegó tarde a tantas otras—, la ventana para exigirles a las billeteras operadas por agentes las mismas obligaciones de conocimiento del cliente que tiene un banco es ahora, mientras el volumen todavía es manejable. No después de la primera crisis de fraude agéntico a gran escala, que para entonces ya habrá costado ahorros reales de personas reales.

La pregunta que de verdad importa

La IA agéntica ya mueve billones de dólares sin pasar por un banco. Esa parte ya no está en debate. La pregunta que sí importa es si usted —como tesorero, como regulador, o simplemente como alguien que un día recibirá o enviará una remesa por este camino— tiene el criterio para exigir una respuesta antes de necesitarla. Porque el sistema se la va a pedir tarde o temprano, y casi nunca en el momento que uno elige.

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